Queridos parroquianos

Hoy es San José obrero, fiesta instituida por Pio XII en 1955 para exaltar cristianamente el trabajo humano. No obstante, en la actualidad estamos viendo como la robótica y la inteligencia artificial van sustituyendo a muchos operarios. Muchos trabajos desaparecerán, sus aparejos y métodos serán para los museos, afortunadamente otros nuevos oficios surgirán. Además, como ha puesto en evidencia la pandemia con el teletrabajo, el mundo laboral cambiará y con ello la sociedad y nuestro modo de vivir.

Alguno dice que muchos ya no tendrán que producir pues será bastante con que lo hagan unos cuantos. Así surgirá una clase social de no trabajadores, de inoperantes, peor aún de no relevantes para la economía, pero no os preocupéis habrá tanta riqueza con la desarrollada tecnología que dará para los necesarios subsidios sociales para que todos vivan con dignidad. ¿Te apuntas?

La cuestión del trabajo es clave en la doctrina social de la Iglesia. La experiencia nos lo avala por ejemplo cuando se habla de integrar a una persona inmigrante en la sociedad,  igualmente cuando se habla de la participación de un miembro de la sociedad en el bien común,  así como cuando se habla de satisfacer la necesidad de sentirse útil, en estos tres casos la cuestión clave es el trabajo. Por ello la falta de trabajo es dañino para la persona y perjudicial para la sociedad. No podría darse mantener un gran colectivo social con subsidios sin problemas serios de convivencia.

En el nº 162 de la Fratelli Tutti nos dice el Papa: “El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna. Por ello insisto en que «ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo». Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque «no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo». En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo.”

Por otra el desarrollo tecnológico siempre nos aporta progreso y más tiempo para nosotros. Se podrá reducir la jornada laboral, hacer muchas cosas con más rapidez o que las haga un robot como barrer pero necesitamos dos cosas: 1. La responsabilidad del trabajo que da madurez a la persona, que no haya nadie sin trabajo. 2 Que el tiempo libre sepamos dedicarlo a actividades de formación profesional y humana adecuada para que el progreso sea humano y a actividades de voluntariado, culturales, de solidaridad, de educación a hijos y no a otras que fomenten un estilo de vida materialista e individualista. 

No tengo miedo a las posibilidades que nos da la tecnología pero sí un respeto a que se usen mal y al proceso de reordenar las cosas a la nueva situación que no se haga adecuadamente conllevaría mucho sufrimiento. Pidamos a San José sepamos buscar trabajo para todos sin ningún tipo de descarte.

 

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