Queridos parroquianos

Hoy es sábado de la Octava de Pascua. Durante esta semana celebramos el domingo de pascua de domingo a domingo, este es el día santísimo de la resurrección de Jesucristo Nuestro Señor proclamamos en cada eucaristía de esta semana. Sinceramente nos alegramos de lo bien que han salido las celebraciones en el Triduo Pascual, había ganas de celebrarlo, se notaba y a pesar de las limitaciones por aforos y otras fueron celebraciones muy vividas intensamente y bonitas y alegres. Demos gracias a Dios.

En Pascua salimos de la tristeza, del duelo y del luto con la consolación del Señor resucitado a la alegría; de la incredulidad con la confirmación  de Cristo resucitado a la fe; del miedo por el susto de la resurrección a… Bueno quizás la resurrección nos cause un miedo diferente. Primero no sé si nos quita el miedo “a los judíos” “a los que pueden matar el cuerpo” a tantos males, quitar lo que es quitar. Es muy natural y normal tener miedo a muchas amenazas pero sí, la resurrección nos libera de estar bajo el miedo y dominarlo. No obstante ¿quien, como los apóstoles, no se asustaría de una aparición del Señor? Por dos motivos por ser el Señor y por su majestuosidad. ¿Tremendo, no?

Efectivamente la resurrección es algo que supera nuestras expectativas y capacidades y esto nos crea un cierto vértigo. Los discípulos aunque se lo predijo el Señor no esperaban tal cosa, les cogió de sorpresa (quito aquí a su madre la Virgen y quizás también a San Juan que sin ver creyó ante la tumba vacía pues entendió las Escrituras). Realmente la luz pascual nos puede incluso cegar y para evitarlo el Señor se oculta, no se deja reconocer, hasta que después de un proceso podamos hacerlo. Por ello la advertencia de las escrituras es muy clara ¿por qué buscáis entre los muertos al que vive? (Lc 24, 5)

Si simplemente queremos ser buenas personas, que no hacen nada malo, que actúan con prudencia y sensatez quizás estamos buscando a Cristo entre los muertos. No tenemos la locura de las bienaventuranzas y nos podemos escandalizar de la cruz y no estamos dispuestos a perdonar todo y siempre y leemos el evangelio con ojos mundanos. Y no vemos en los demás a Cristo ni a nuestro hermano. Verdad esto lleva un proceso largo. Pero puede que sintamos un poco de miedo y desesperanza ¿yo cómo puedo hacerlo y qué voy a conseguir? Seremos como ese joven rico que “cumplía con los mandamientos” pero no siguió a Jesús. Valoró lo que dejaba y no se percató de lo que se le habría dado, eso es buscar a Jesús entre los muertos.

No basta con ver hay que creer, hay que fiarse. La fe no una convicción mía sino un acto de confianza en otro. La fe y el amor exigen alteridad, creer y esperar en otro, amar a otro. Solo el amor es digno de ser creído. Los apóstoles vieron pero tuvieron que creer también y fiarse. Espero que la luz pascual nos haga hacer una comunidad alegre y misionera.

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