Queridos parroquianos

Vemos atónitos movimientos y sucesos en la política española. Es como si la política fuera algo de escaparate y de estrategia, de estar siempre en los medios y en la calle como si no consistiera en otra cosa que conquistar la opinión pública o el poder. Ante esto me viene a la memoria el título del capítulo quinto de la encíclica del Papa Fratelli Tutti: “La mejor política”.

Su primer número, el 154 de la encíclica, dice: “Para hacer posible el desarrollo de una comunidad mundial, capaz de realizar la fraternidad a partir de pueblos y naciones que vivan la amistad social, hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común. En cambio, desgraciadamente, la política hoy con frecuencia suele asumir formas que dificultan la marcha hacia un mundo distinto.”

Y el último número del capítulo, el 197 de la encíclica, cuenta: “Vista de esta manera, la política es más noble que la apariencia, que el marketing, que distintas formas de maquillaje mediático. Todo eso lo único que logra sembrar es división, enemistad y un escepticismo desolador incapaz de apelar a un proyecto común.”

Entre ambos número: primero críticas a populismos y liberalismos como formas de política que dificultan la fraternidad y amistad social; segundo la necesidad de concretar la limitación del poder con una distribución fáctica entre una pluralidad de sujetos y dentro de un orden jurídico internacional; tercero termina hablando de la caridad social y política.

Caridad política ¿qué cosa? ¿es posible? Efectivamente si el amor solo fuese sentimentalismo fácilmente se rebajaría a irrelevante en la configuración de una sociedad justa. No obstane el amor tiene un compromiso con la verdad y así no queda reducido a relaciones personales de ámbito privado. “Porque un individuo puede ayudar a una persona necesitada, pero cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en el campo de la más amplia caridad, la caridad política” (FT 180) El compendio de la doctrina social de la Iglesia nos dice: «La caridad social nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar efectivamente el bien de todas las personas, consideradas no sólo individualmente, sino también en la dimensión social que las une». Por tanto, el esfuerzo dirigido a organizar y estructurar la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer la miseria es un acto de caridad.

No, no os voy a contar ni resumir la encíclica, no me cabe, lo siento. El que sepa leer que lea, pero el documento entero. La mejor política tiene que ver con héroes que sepan romper con el negocio de rascar poder y privilegios y, por  el contrario, “decidan sostener con respeto una palabra cargada de verdad, más allá de las conveniencias personales. Dios quiera que esos héroes se estén gestando silenciosamente en el corazón de nuestra sociedad.” (FT 202).

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