Queridos parroquianos

Mañana es la Pascua del Enfermo es un itinerario que comienza el 11 de febrero con la Jornada Mundial del Enfermo hasta el VI Domingo de Pascua. Siempre la Iglesia ha sido sensible al mundo del enfermo siguiendo el ejemplo de Jesucristo y administrando el sacramento de la Unción de los Enfermos. Pero con esta práctica quiere subrayar la presencia de los enfermos en la comunidad cristiana. 

Vemos en los evangelios como la revelación de la misericordia de Dios tiene un primer nivel en la atención y trato de Jesús con los enfermos. Los otros dos niveles serán: primero con los pobres y marginados y por último con los pecadores donde al menos nos debemos sentir los sanos y educados. No, Jesús no era ajeno al dolor ni al sufrimiento de los enfermos, al contrario se acercó a la suegra de Simón y la curó de sus fiebres y así actuó con otros tantos innumerables.  

Me parece curioso que los evangelios no muestren nunca a Jesús enfermo. Lo vemos pidiendo agua en el pozo, comiendo en las casas e incluso cansado durmiendo en la barca, todo ello manifiesta su debilidad y necesidades de la naturaleza humana pero ¿estuvo Jesús enfermo alguna vez? La verdad es que nos aparece muy sanote y fuerte. La salud es para darla pues como los tomates con el tiempo ya se sabe. Y en esto, sí, da un ejemplo sobrado, sí, le vemos sufriendo y cayendo en el camino al calvario.

El lema de esta jornada es Cuidémonos Mutuamente. Está en plural pero cuantas veces hemos dicho ¡cuídate! Y quizás menos cuidémonos y menos aun mutuamente. Este lema es un auténtico reto tanto para enfermos como para sanos. Pues hay que hacerlo y hay que dejarse también.

La enfermedad es una realidad de la vida humana. Primero hay que desechar cualquier vergüenza por estar enfermo. La discreción es una cosa buena aunque hoy día no muy valorada ya que se hace mucho espectáculo de lo íntimo como vemos en los programas de televisión, por ello no hay que tener vergüenza por estar enfermo pero no se tiene por qué publicar. Ya antiguamente se consideraba la enfermedad una vergüenza pues era causada como castigo por los pecados de los hombres. Esto nuestro Señor dejó claro no era cierto pero aún podemos sentir una cierta vergüenza que nos cuesta superar. Sí socialmente no fuéramos tan morbosos sería más fácil. 

El enfermo tiende además a encerrarse en su situación, a qué le dejen en paz y tranquilo, con su dolor y malestar. Es una verdadera prueba y tentación que hay que vivir. Para vencer esta prueba dos cosas: 

  1. Darnos cuenta el bien que hace a la sociedad la presencia de personas enfermas y débiles. Tiene una gran fuerza para vencer el egoísmo, para dar un testimonio de lo verdaderamente importante. Por el contrario sino somos sensibles al bien que nos dan entonces ¡qué mal los sanos los van a tratar y como los enfermos se van a encerrar! 
  2. Jesús se acerca al enfermo sobre todo por dentro. Esto es un gran misterio de caridad. Allí está Jesús, enfermo. Lo tiene el enfermo como don precioso para consuelo y para darlo.

Cuidarse mutuamente conlleva un enriquecimiento humano que nos hace progresar para poder asumir los adelantos y cambios de cada época. Antes que muchas estrategias y planes para un mundo mejor tocar la debilidad y vulnerabilidad humana nos prepara para acometer tal empresa. 

 

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