La verdadera fe: ver lo sagrado en todas partes (Mc 6,1-6)

 

Preparémonos para escuchar la Palabra Señor Jesús, nos eliges para ser tuyos.
Señor Jesús, nos cura con el perdón.
Señor Jesús, nos alimenta con la palabra de vida.

Lectura bíblica (Marcos 6,1-16)
En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a
enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro: “¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas? ¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros? ¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?” Y estaban desconcertados. Pero Jesús les dijo: “Todos honran a un profeta,
menos los de su tierra, sus parientes y los de su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente. Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.

Reflexión – La verdadera fe: ver lo sagrado en todas partes. Tradicionalmente, los profetas de la Biblia lo
pasaron bastante mal. Muchos experimentaron el rechazo y la persecución, incluso la muerte. La primera lectura narra una parte de la historia de la llamada a ser profeta de Ezequiel. Una de las
características que tienen en común los profetas es la convicción que la Palabra del Señor tiene que ser
pronunciada a la gente «tanto si la escuchan como si no»: el profeta debe permanecer fiel a su vocación,
aunque le cueste la vida.

En los Evangelios, Jesús es presentado como el  profeta por excelencia. En el Evangelio de este domingo encontramos a Jesús en su ciudad natal, Nazaret, enseñando en la sinagoga, cumpliendo fielmente su misión de anunciar la Buena Nueva. Como a muchos otros profetas, esa proclamación acabará costándole la vida. Como los demás profetas, Jesús también experimenta el rechazo. Al principio, la gente se maravilla de las enseñanzas de Jesús y de los milagros que ha realizado en otros lugares, pero
pronto deciden que sólo es «un carpintero (artesano)» cuya familia conocen bien. Piensan que no hay nada especial que ver aquí. El viejo dicho que dice: “familiaridad genera desprecio” parece resumir la actitud de la gente, especialmente cuando se refieren a Jesús como el hijo de su madre ya que los judíos solían ser conocidos por el nombre de su padre, aunque éste hubiera muerto. Jesús se asombra por su falta de fe. La fe, en este contexto, implica la apertura para percibir la presencia y la acción de Dios (el Reino). Está claro que la gente no percibe la acción de Dios en Jesús, a pesar de las impresionantes palabras que pronunció y de los milagros que realizó. ¿Acaso las circunstancias familiares de Jesús eran demasiado ordinarias para ellos? No podían mirar más allá de lo que les era familiar para ver a Dios actuando en él. Sin esa apertura esencial, Jesús constata que no puede hacer ningún gran milagro entre ellos, aunque pueda curar a algunos enfermos. Uno de los elementos fundamentales de la fe permanecer en relacione con Jesús (y, por tanto, con Dios). Las relaciones crecen en la medida que las personas llegan a conocerse y entenderse. En una relación de fe, cambiamos cuando empezamos a conocer a Jesús y llegamos a ver con sus ojos, sentir con su corazón y actuar con su intención en el mundo. Sólo cuando empezamos a ver con los ojos de Jesús podemos percibir la presencia de Dios, de otro modo «oculta», en los seres humanos y en los acontecimientos. Empezamos a ver lo sagrado escondido en lo secular y lo ordinario. Sólo con la fe podemos ver la acción de Dios envuelta en lo ordinario y familiar, la presencia de lo divino en lo humano, lo sagrado en lo secular. Así, para nosotros, la división entre lo sagrado y lo secular casi desaparece y casi todo parece «sagrado», y no sólo «meramente» humano o secular.

Oraciones de intercesión
Dios nos llama a ser suyos,
a ser profetas del reino.
Con nuestra oración y acción,
ayúdanos a hacer realidad tu visión de la vida
humana en nuestro mundo.
Llamados a proclamar la Palabra de Dios,
que toda nuestra vida sea un testimonio de tu
sabiduría y tu amor.
Oración del Señor
Siguiendo la enseñanza y ejemplo de Jesús, oremos:
Padre nuestro,
que estás en el cielo.
Santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Oración final
Dios eterno cuyo amor nunca falla,
escucha nuestras oraciones
y concédenos lo que te pedimos
por medio de Cristo nuestro señor.
Amén.
Bendición
Que el Señor nos bendiga
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
Amén

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