Queridos parroquianos

¿Para quién soy? Es el lema de la Jornada Mundial de las Vocaciones y de la Jornada de Vocaciones Nativas.  Jornadas que desde hace unos años y acertadamente se hacen juntas. Por las vocaciones nativas en tierras de misión rezamos y apoyamos económicamente estos sueños en el Señor donde vemos como la Iglesia crece con alegría y entrega. Deseamos ninguna vocación quede frustrada por falta de medios económico, ayudemos a realizar sus sueños. No obstante visto como están las cosas aquí, también rezamos por las vocaciones nativas en nuestra tierra y  entre nosotros y para que se nos contagie el entusiasmo e ilusión de las iglesias jóvenes. Así unimos estas dos jornadas en el domingo cuarto de pascua, el domingo del Buen Pastor. Que todos tengamos la alegría de saber responder a la pregunta de la jornada.

El lema de esta campaña me gusta por tres cosas: por lo provocativo qué es, por no plantear comportamientos, tareas, etc. sino una vinculación personal y tercero por ser en singular.

Efectivamente es provocativo, ¿para quién soy yo? No saberlo no es un carencia es una desgracia. Rápidamente se intuye que la felicidad está vinculada a la respuesta de la pregunta. Algunos han dicho que las preguntas son más importantes que las respuestas. Bueno quizás no tanto pero al menos un problema mal planteado no tiene solución, por ello formular bien la pregunta es de gran importancia. Efectivamente según las preguntas que uno se haga, buscando responderlas en su vida, hace que su persona esté bien orientada o mal orientada. Esta cuestión orienta bien nuestra vocación, que  es una vocación al amor.

La pregunta versa sobre alguien y no sobre algo. Esto rompe nuestro individualismo que  puede refugiarse en un sacrificado compromiso con trabajos y estudios en una autorrealización egoísta y egocéntrica que pretende satisfacer nuestras necesidades, deseos e ilusiones. Así estaríamos totalmente descentrados de un planteamiento vocacional. Hacer espacio a otro siempre resulta incómodo y distorsionador de nuestro control de las cosas y del tiempo e incluso de nuestro autodominio. Descentrarse de uno mismo es crucial para ser feliz. Entonces toda la preparación profesional, todo crecimiento personal, todo autoestima, alcanza su sentido en el servicio a los demás.

La pregunta es en singular, ¡sí! no es lo mismo decir soy para muchos que decir soy para ti. ¿Hay diferencia, no? El amor es universal pero es concreto, hay que empezar por alguien y luego se abre. No quiero alargarme en el discurso por ello imaginemos que alguien nos dice soy para ti, sinceramente tendríamos que temer y con razón decir “te voy a decepcionar”. ¿Quién es perfecto, quién es bueno? Igualmente si nos entregamos totalmente a una persona humana le pedimos que ella sea la fuente de la felicidad, de la vida, del sentido, de todo. Le pedimos algo que no puede ser ni puede darnos. La respuesta a la pregunta de la jornada es sencilla: soy para Dios. Una vez nos damos a Dios en Cristo nuestro Señor tenemos la libertad de buscar nuestra vocación ¿para quién o quienes soy yo? asumiendo los errores, los defectos, las limitaciones, de las personas, de las instituciones, de la Iglesia para amarlas, a pesar de todo esto y de nosotros mismos, pues tenemos la confianza y la esperanza en Dios. 

Tenemos que descubrir que ser para Dios no dificulta ser para los demás, al contrario nos posibilita serlo. No solo descubrámoslo sino vivámoslo y testimoniemos esta dinámica de amor. 

Por último deciros que hay dos páginas web sobre la jornada de vocaciones donde podéis mirar materiales, testimonios, mensajes, etc. Estas son: www.paraquiensoy.com y www.voacionesnativas.es

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