Queridos parroquianos

Este año especial de San José me ha hecho caer que el esposo de la Virgen es un personaje de la cuaresma pues el día de su solemnidad no es fácil que no sea cuaresma. Con sus cuarenta días más sus seis domingos desde el miércoles de ceniza hasta el sábado santo hace que marzo sea el mes de la cuaresma. Pero además este mes con la campaña del seminario alcanza también, todo él, un enfoque vocacional. Así se manifiesta lo difícil de comprender la conversión sin vocación. ¿Cuándo no se sabe a dónde ir, tampoco se sabe qué cambiar?

En esta cuaresma se nos invita a adentrarnos en la vida de San José. Y yo me quejo. Sí, me quejo por lo poco que sabemos. Ni siquiera una palabra suya, salvo Jesús cuando le puso el nombre en la circuncisión. Algunas intenciones y decisiones en los evangelios de la infancia y nada más salvo que era justo y artesano, descendiente del rey David. ¡Qué miseria informativa para el desposado con María y padre, en la fe a su misión, del redentor! Vaya mi queja al que inspiró los evangelios y cubrió con su sombra a María pues nos dejo con muchas curiosidades insatisfechas.

Menos mal que cuando lleguemos al cielo tendremos toda la eternidad para exhortarle: tu José cuenta, cuenta, que me interesa. Más al que no llegue al cielo con las curiosidades para siempre se queda. ¿Será un juego, será verdad, que para intimidar confidencialmente con San José tendremos seriamente que convertirnos? Aquí en la tierra nos quedamos con no ver pero sí atisbar, con no gustar sólo oler, con no tocar sino rozar la vocación de San José. Para ello tendremos que vivir nuestra vocación y, como en un espejo borroso intuir y compartir con pudor los íntimos secretos de la vocación.

Me ha  impresionado siempre lo decidido que era San José. Le pido a su intercesión que dé esta apreciada actitud o cualidad a los que se la piden como yo. Que las mociones, que las llamadas, que los barruntos que podamos tener en esta cuaresma sean con decisión llevados a cabo. Esto nos hace agradables a Dios, sin cansarle, sin perder oportunidad.  En verdad, en toda vida cristiana hay un momento decisivo por el cual empezamos a vivir en clave vocacional, convirtiéndose la vida  en una tarea, en una misión.

La cuaresma, tiempo de conversión, con la figura de San José nos invita a un cambio o a una renovación de la existencia temporal a una vida vocacional, lo cual es una aventura y una bendición.

En la parroquia vamos a rezar una novena a San José y, a la vez, las meditaciones de cuaresma versan sobre su figura. Ojalá crezca nuestra devoción a San José  y sepamos reconocer lo que viene de Dios de lo que viene del mundo, interpretarlo adecuadamente y elegir con decisión.

 

Categories:

Tags:

Comments are closed